Buenos días. Hoy es un jueves diferente para nosotros. Realizaremos un ejercicio brutal para intentar meternos por completo en la piel de Rosa Fernández-Cervera. Esta mañana viajaremos a través del tiempo, de los años, de la historia de una familia viguesa que lleva 17 luchando incansablemente para que la muerte de Déborah no caiga en el olvido. El suyo fue un caso que nos marcó a más de una generación. Por cómo sucedió, por cómo fue encontrado el cadáver, por cómo se instruyó el caso y, sobre todo, por la ausencia absoluta de un culpable que cierre por completo una herida profunda de alma que no cesa de sangrar. Vigo es un clamor y me sumo voluntaria y decididamente a su grito: Justicia para Déborah, simplemente.  

Rosa Fernández-Cervera lucha incansablemente para que haya Justicia para Déborah.

Rosa con una imagen de su hermana Déborah al fondo

Sí, esta bonita mañana de marzo nos ponemos en la piel de ellos, de José Carlos y Rosa, los padres de Déborah, y de José, María y Rosa, sus hermanos. Y quema, arrasa el dolor, la frustración, la desesperación, el sinsentido, la injusticia, la rabia, la angustia… Rastro y rostro inconfundible. Reabrir el caso antes de que prescriba es el primer objetivo. El segundo, darse una última oportunidad para intentar meter entre rejas a la persona que en el despertar de la vida le arrebató la suya a ella. No habrá descanso, no habrá olvido. Para ello ha sido creada la Plataforma en Facebook Justicia para Déborah, en la que Rosa, su hermana, lanzó una publicación solicitando colaboración ciudadana para que el caso no siga enterrado. Y la respuesta está siendo bestial. Solidaridad.

Vigo clama Justicia para Déborah Fernández.

Déborah Fernández-Cervera

Ese llamamiento de Rosa se hizo viral en las redes sociales y los medios de comunicación desempolvaron los recuerdos para ponernos al día de un suceso que llevamos grabado a fuego en la piel. Porque duele, porque escuece sentir el sufrimiento de ellos. Tras años de silencio absoluto, el grito de auxilio de esta familia ha tocado el alma de una ciudad luchadora y con mucha conciencia: Vigo. Y la conciencia es precisamente lo que mueve cada día a Rosa para luchar de forma inagotable para que el caso de su hermana Déborah no quede definitivamente en el olvido. Coraje.

Fotos de la infancia de Déborah Fernández-Cervera.

Rosa detiene un momento el tiempo y se sienta a solas con nosotros, consigo misma, con su pasado, con su presente. A poco más de un mes para el decimoséptimo aniversario de la trágica muerte de su hermana, coge aire y respira profundo para acercarnos lo máximo posible a lo que ha sido su existencia desde que aquel fatídico 30 de abril de 2002, día en el que desapareció Déborah. Ella se abre en canal para confesar que el paso de los años no ha hecho posible que se regenere el corazón roto de su familia. “Aprendes a convivir con ello, pero es un tema difícil de gestionar ya que no puedes cerrar página porque quedan demasiados interrogantes que esclarecer. Hay mucha frustración, mucho agotamiento psicológico, pena, tristeza y mucho abandono”, confiesa con la voz quebrada. Corazón roto. Sufrimiento.

La familia Fernández-Cervera siempre ha estado muy unida.

La familia Fernández-Cervera está muy unida

Sigo en la piel de ella, de ellos, preguntándome de dónde sacan la fuerza para seguir peleando a pesar de la soledad más absoluta con la que han convivido durante tantos años. Rosa no duda. Su conciencia no le permitía vivir tranquila sin hacer nada y es entonces cuando hace más o menos un año decide movilizarse, hacerse visible y dejar de seguir en la sombra. Su lucha, su pelea salvaje se centra en tratar de que la Justicia escuche su grito, el nuestro, y reabra un caso que dentro de poco más de tres años habrá prescrito. Justicia.

La familia de Déborah se ha movilizado para intentar que su muerte sin esclarecer no quede impune.

Vigo clama Justicia para Déborah

Abandono es el sentimiento que ha tenido esta familia durante demasiado tiempo y nada ni nadie aliviaba su dolor. La soledad absoluta y el desamparo total es lo que ha caminado a su lado durante este largo y doloroso trayecto y la denuncia es lógica. ¿Dónde está el apoyo psicológico y económico que ayude a amortiguar el durísimo golpe que sufren las familias en un caso así? Y socialmente, ¿quién te protege? Ésta es mi queja al ver cómo nuevamente otra familia, ante la ausencia de justicia, tiene que recurrir a la colaboración ciudadana para intentar que el caso de Déborah no quede sin resolver. Admiración.

Los padres de Débora posan felices junto a su hija María y Déborah.

Déborah juntos a sus padres, José Carlos y Rosa, y su hermana María

Y es ese calor de las personas de bien lo que ha vuelto a encender la mecha del corazón dolorido y debilitado de los Fernández-Cervera. Una respuesta ciudadana que llena de orgullo todo mi cuerpo. Compruebo, en casos como el de Marta del Castillo, que la solidaridad en este país puede abrir muchas puertas y que el amor del bueno, del nuestro, consigue cosas inimaginables. Siento mucho orgullo, muchísimo, por las ya más de 200.000 personas que ya habéis firmado la petición para que se reabra el caso en Change.org (pinchando este enlace podréis firmar la petición) y por las palabras de aliento con que cada día alumbráis el tenebroso sendero de esta familia que necesita justicia. «Ellos nos dan mucha gasolina para seguir peleando. Su apoyo y cariño nos alimenta para no dejar de luchar. Cuando ves que tantas personas claman justicia se te llena el corazón de valentía«, afirma Rosa mostrando su inmensa gratitud por las muestras de cariño, apoyo y solidaridad. Bravísimo.

Demasiadas incógnitas envuelven el caso sin aclarar de Déborah Fernández-Cervera.

Clamando justicia me pregunto por ella, ¿dónde encontrarla en este caso? Demasiadas preguntas sin respuestas que después de tanto tiempo continúan torturando a una familia que necesita descanso. Porque todo este proceso duele, agota, quiebra, rompe en dos. Lo noto, lo siento en Rosa quien demostrando una fortaleza enorme se pone delante de todos nosotros para contarnos con la voz partida que no descansará hasta conseguir las respuestas que buscan. «Mi alma pide y clama justicia por mi hermana. Me siento en la obligación de luchar indefinidamente». Valiente.

Déborah Fernández-Cervera esudiaba Diseño Gráfico antes de morir,

Rosa transmite el sentir de su familia. Ella es la cara visible, la que se coloca delante de los medios y hace frente a sus preguntas y a sus recuerdos más dolorosos. Ella recogió el guante y abandera con una determinación digna de admirar una causa de la que ya muchos nos sentimos partícipes. Con ella, siempre Déborah. «Tengo un sabor agridulce. Por un lado mantengo recuerdos de una infancia maravillosa e inmejorable a su lado, pero también siento mucho dolor acumulado y mucha tristeza. Era mi hermana. Perdí un pilar muy importante en mi vida», logra exponer cuando dos lágrimas abandonan su bella mirada y recorren un camino que conocen de sobra. Dolor. 

Déborah Fernández-Cervera acompañada de algunas amigas.

Déborah junto a sus amigas

Vivir, convivir con tanto dolor, con tantas dudas, con demasiados interrogantes es muy complejo. No es nada sencillo. ¿Dónde encuentra Rosa descanso para su alma?, me pregunto. En su trabajo, que le apasiona, en el cariño de su pareja, en los largos paseos por la playa, en la montaña. Viajar le ayuda a desconectar y llena la maleta de arrojo, orgullo, valentía, dignidad y esperanza para regresar con la cabeza bien alta de cada viaje para seguir plantando batalla y dando la cara para que se haga justicia. No extraña que a quien le arrebató a su hermana le desee «que no sea capaz de dormir por las noches, que no tenga una vida tranquila y que sienta nuestro aliento porque no pienso parar hasta que lo vea entre rejas». Sentido.

Jose, María y Rosa son los hermanos de Déborah Fernández.
José, María y Rosa, los hermanos de Déborah

Sin embargo, y aunque pueda resultar contradictorio, en el corazón de mi ya queridísima Rosa solo he encontrado amor. Amor del bueno, del verdadero, del eterno, del importante, del que marca, del que queda, del que nos hace grandes, del que nos consuela. Amor con mayúsculas, amor incondicional, amor sencillo, amor puro, limpio. Amor de hermanas. «Lo que me mueve a pedir justicia a los cuatro vientos es el amor a mi hermana. Aprendí que el odio, la ira y el rencor son sentimientos negativos que te destruyen como ser humano», reflexiona. Amor del bueno.

CARTA DE ROSA A DÉBORAH

 

Justicia para Déborah.

Hoy me cuesta especialmente la despedida. Pero sé que ha llegado mi momento. Le agradezco a Rosa el inmenso coraje que ha tenido al desnudarse delante de todos nosotros. Le confieso nuevamente mi profunda admiración y respeto. Le ofrezco mi abrazo sincero y mi apoyo eterno. Entones sí, detengo un segundo el tiempo, giro la cabeza y siento que mi corazón clama: Justicia para Déborah.