Buenos días. Qué bonito despertar he tenido esta mañana y estoy segura que ha sido porque es jueves y aquí estoy, una semana más, para tratar de hacer llegar hasta vuestros corazones un poquito de amor, del nuestro, del bueno. Vais a pensar que soy una pesada y que todos los jueves os anuncio que os traigo una recomendación especial. Es probable que lo sea, pero la de esta mañana es soberbia. Si tenéis la oportunidad de ir a Málaga, ciudad de la que vivo enamorada, tenéis que ir al Restaurante Maricuchi. Situado en el Paseo Marítimo El Pedregal, a escasos kilómetros del centro, encontraréis, para mi gusto, uno de los mejores Espetos de Sardinas que he probado. Pero decir Maricuchi es ir mucho más allá, es sentarse delante del mar, del olor a las brasas y saborear la magia de la vida que llega de la mano de Andrés y Juan, padre e hijo y los propietarios del local. Pasearemos junto a ellos y degustaremos juntos un producto extraordinario, digno de mención y distinción.

Espeto de sardinas de Maricuchi.

Espeto de sardinas del Restaurante Maricuchi

Más de treinta años lleva Andrés al frente del timón de este restaurante malagueño. Más de tres décadas dirigiendo este negocio familiar por el que han pasado infinidad de personas, de generaciones de familias enteras, de novatos (como yo), de expertos, de gente que no ha querido perderse este lugar tan auténtico, tan de toda la vida. Juan, el hijo, me recibe en la misma puerta y su buen gesto, su sonrisa y sus ganas de hacerme pasar una velada inolvidable, me enganchan. Hace fresco, pero pedimos la mesa más cercana a la playa. Todavía es época de sardinas y no quiero perderme el maravilloso ritual. El olor de las brasas me vuelve loca, ya os lo adelanto, por lo que Maricuchi me ganó mucho antes de sentarme a la mesa.

Pescados y mariscos de todo tipo.

La frescura de sus productos es clave en el éxito del negocio

Juan nos recomienda, nos habla de todos los productos del  día que tienen, pero nos ofrece igualmente la carta. Mientras mis acompañantes se lo piensan, yo ya sugerí un par de Espetos de Sardinas, me adentro en el comedor. Y allí está Andrés. Sentado en una mesa, me acoge con una enorme y blanca sonrisa y me narra algunas de sus vivencias caminando de la mano de Maricuchi. Es un hombre tranquilo, curtido en las batallas de la vida. No le quita ojo al negocio familiar, con el que le ha mostrado a su hijo el triunfo de la constancia, del trabajo bien hecho. Mientras charlamos, observo. Y detengo mi mirada en el pintoresco comedor. Muchas son las fotos de gente famosa que adornan las paredes.

Muchos famosos han probado las delicias del restaurante.

De las paredes del restaurante cuelgan infinidad de recuerdos

Pero todo se detiene cuando veo la vitrina con los productos de Maricuchi. Empiezo a salivar. Echo un ojo a la cocina y me doy cuenta de que habrá muy buen hacer detrás de todos los platos que saldrán de allí. ¿Qué puede salir mal?, me pregunté mientras Ángel continúa relatándome su historia bella. Pero Juan me reclamó, todo estaba a punto en la mesa para comenzar a degustar, a saborear, a disfrutar de la mejor compañía, a captar cada detalle. Pongo a cero el contador del amor y me dejo llevar. Aunque antes, os contaré que después de ver el mostrador en el comedor no pude evitar añadir a mi petición un par de Carabineros. Y qué acierto, pero de eso ya hablaremos más tarde.

Boquerones fritos de Maricuchi.

La fritura de los boquerones estaba exquisita

Tiene fama el espeto, qué duda cabe. A los malagueños que estén leyendo este post no les sorprenderá esta afirmación. Pero a una novata gallega como yo, acostumbrada a las sardinas nuestras, que no tienen nada que ver con aquellas, le choca que siendo tan pequeñas y diferentes tengan un sabor tan escandalosamente bueno. Brutal.

El restaurante está a los pies de la playa.

Contemplar el mar mientras se hace el espeto, soberbio

De mi segunda petición, los Carabineros, creo que todo lo que pueda decir con palabras se quedaría demasiado corto. Las fotos no engañan, no están retocadas, son tan reales como el sabor a mar, a marisco, a manjar que no siempre se puede pedir. Incuestionable la calidad, infinito el recuerdo con el que me quedaré. Ahí viene Juan. Tenía muchas ganas de probar los boquerones preparados en Andalucía y precisamente trae dos raciones. Fantástico. En Madrid, a pesar de que es un plato que se pide con mucha frecuencia, jamás y en ningún lugar he logrado encontrarles el punto como para repetir. Pero qué diferencia, ‘mamma mia’. Esto sí son boquerones. El sabor, extraordinario; la textura, impecable. Y seguimos.

Carabineros recién cocidos para De paseo por mi cocina.

El sabor de los carabineros te deja sin palabras

Aún no os lo he confesado, pero una de las cosas por las que siento verdadera pasión en Málaga son las Coquinas. Muero por las coquinas malagueñas, así de fácil. Crucé los dedos muy fuerte para que hubiesen sido elegidas y… bingo. Juan apareció con una ración y yo casi pierdo el sentido. Qué sabor, qué delicia, que manjar más exquisito y diferente. Me apasionan y si en Maricuchi las tienen, no dejéis escapar esa oportunidad. Habréis obtenido el premio gordo.

Coquinas.

Las coquinas, una delicia

Aunque en la carta también ofrece diferentes tipos de carne, estando a la orilla del mar me hubiese resultado inverosímil no apostar por pescado y marisco. Como soy gallega, he tenido la oportunidad de probar mejillones extraordinarios, pero por calidad, tamaño y sabor estuvieron presentes los de Maricuchi en nuestra mesa.

Los mejillones del restaurante andaluz.

Mejillones al vapor de Maricuchi

Cuando pensé que la cena había llegado a su fin, apareció de la nada Juan con unos salmonetes increíbles. Daba la sensación de que te estabas metiendo trocitos de mar en la boca. Qué fritura más excepcional, qué sabor más auténtico, qué ricos. Antes de que Ángel diese por cerrada la jornada y dejase todo en manos de su hijo, le pregunté por el secreto de su éxito. Lo tenía bastante claro, pero necesitaba su confirmación. Cambiar el aceite constantemente es fundamental y una de las claves, junto a la calidad y frescura del producto, de que este negocio haya sido capaz de mantenerse a este nivel tan extraordinario durante tantos años.

Salmonetes.

Los salmonetes estaban buenísimos

Va oliendo a  despedida, la que tanto me cuesta. Me acerco a la barca donde hacen las brasas y detengo un segundo el tiempo. Retrato en mi corazón Maricuchi y en mi alma el sabor de las sardinas. Regreso a la playa de El Pedregal y me despido de Juan en la puerta de su restaurante. Le prometo volver en mi próxima visita a Málaga, porque para mí ya se ha convertido en un imprescindible. En esta ocasión, a vosotros también os digo hasta pronto. Regresaré con más recomendaciones a partir del jueves 5 de abril. Os echaré mucho de menos, seguro.

Restaurante Maricuchi.

¿Conocéis el Restaurante Maricuchi de Málaga? Es uno de esos restaurantes en los que no te equivocas si apuestas por él. Generaciones de familias y personas han pasado por el negocio de Andrés y Juan. No os lo perdáis. ¿Me acompañas?