Buenos y bellos días. ¿Cómo va yendo el mes de junio? Espero que mucho mejor de lo esperado y también mucho más bonito de lo deseado. En la capital ya huele a verano. La luz de los días es eterna, el calor sofocante ya nos ha visitado, pero las noches aún dan una tregua fantástica antes de que lleguen los temidos Julio y Agosto. Esta mañana os invito a ir de paseo por el Museo del Romanticismo, bailemos. Soy, lo sabéis, romántica empedernida. Sí, disfruté, me trasladé por completo a aquella época. ¿Os apetece bailar conmigo? Vamos.

Salón de baile del Museo del Romanticismo.

Salón de baile del Museo del Romanticismo

La excusa puede ser cualquiera, el momento, también. Pero si tenéis la oportunidad, no dejéis de visitar esta pequeña joya ubicada en el número 13 de la Calle San Mateo. Ahí comienza nuestro baile por el Museo del Romanticismo. Nos preparamos para la ocasión y nos vestimos de época. Nos sentimos a finales del siglo XVIII y nos plantamos en mitad del XIX para deleitarnos con la colección de mobiliario, pintura y artes decorativas del precioso museo. Goya, Madrazo, Esquivel y los hermanos Bécquer nos esperan. Veremos la pistola con la que se suicidó Larra y piezas geniales de la Real Fábrica de Cristales de La Granja y de la Real Fábrica de Sargadelos. Caminaremos entre arpas y pianos de cola, nos moveremos en medio de muebles de estilo isabelino o imperio. Y sí, tomaremos un café en uno de los jardines más bonitos de Madrid. ¿Preparados? Entramos en el palacete, que reproduce de forma extraordinaria la vida y costumbres de la alta burguesía española durante el Romanticismo. Pasión.

Entrada principal del Museo del Romanticismo. De paseo por mi cocina.

Entrada al museo

Ya estamos dentro y cierro los ojos para al volver a abrirlos sentirme muy dentro del Romanticismo. Y lo hago y lo siento. Quiero llenarme de todo, percibir cada detalle, enriquecerme de este instante, pero una luz brutal del atardecer madrileño capta mi atención por completo en el interior del inmueble. Me dirijo directamente hacia ella, empujada por una fuerza descomunal que me invitaba a cruzar una puerta. Y la crucé y ahí estaba él. El patio interior del museo es una auténtica delicia. Un lugar donde detener el tiempo, respirar profundo, sentir y rellenar la maleta de la vida de sosiego interior. Me doy cuenta, no puedo evitarlo, que nada puede ser más romántico que comenzar así nuestro paseo juntos de este jueves. Emoción. 

Patio interior del Museo del Romanticismo. De paseo por mi coina.

Patio interior

Regreso, despacio, al camino que iniciamos en la puerta de entrada de la calle San Mateo, en pleno corazón de Madrid. La larga escalera que da acceso a la planta noble me convida a subir y recrearme en todos los peldaños. Freno ante cada frase pintada en la pared y leo, retengo, admiro. Los inmensos retratos de Cortellini me reciben solemnes. Nuestro momento ha llegado, lo siento, lo vivo, lo entiendo. Cojo tu mano y avanzo. Vivimos. Sentimos.

Escalera de acceso a la parte noble del Museo del Romanticismo.

Una vez en el vestíbulo, ya no hay marcha atrás. Me impacta la majestuosidad del recibidor y comprendo que es precisamente eso lo que debo sentir. Me dejo llevar y recorro, contigo, este espacio tan conmovedor. Percibí rápido cómo sentían en aquel momento y aquellas circunstancias, cómo se expresaban, cómo se vestían, cómo se entendían. Observé su pasión por la música y el baile y os aconsejo que una vez allí, os detengáis y saboreéis el delicado y fabuloso Salón de Baile del museo. Un tesoro para los sentidos. ¿Bailamos?

Recibidor del museo.

Vestíbulo

Con la resaca de la danza me doy cuenta de que las salas se unen unas con otras sin pasillos y me siento en otro escenario, distinto completamente, más íntimo, más personal, más privado. Me preparo para reanudar mi paseo y descubro estancias, rincones, objetos y sensaciones que hacen detener mis pasos a cada momento sin remedio. Pero ya sabéis, tenemos de todo menos prisa así que nada silencia mi destino. Él continúa llevando mi cuerpo de sala en sala, mostrándome la importancia de los pequeños detalles que pueden convertir algo en exageradamente bello. Trazos.

El Museo del Romanticismo recrea la vida burguesa de aquella época.

Detalles del museo

Benigno de la Vega-Inclán y Flaquer, II Marqués de la Vega-Inclán (1858-1942), fue el creador del Museo Romántico, donado al Estado en 1921 e inaugurado en 1924. No fue hasta 2009, tras acometer una reforma integral del museo, cuando pasó a denominarse Museo del Romanticismo, nombre que mantiene en la actualidad y en el que proseguimos llenándonos del extraordinario legado que nos dejó para la contemplación eterna Vega-Inclán. Fascinación.

Colección de Muñecas de porcelana.

Sala de Juegos

La Sala de Juegos de los niños os deslumbrará y la colección de muñecas de porcelana os asombrará. Recorrerla despacio, sorprenderos a casa paso, imaginaros, soñaros, transportaros. Sentir la ilusión de esos niños jugando en ese espacio y dejaros llevar por el resto de las salas sintiendo la atmósfera tan romántica que envuelve esta maravillosa visita. Regalároslo.

Antesalón del Salón de Baile del Museo del Romanticismo.

Uno de los salones del museo

Continúo mi baile, contigo. La solemnidad continúa reinando, la delicadeza gobierna, la sensibilidad preside, la música te inspira y mis pies se mueven solos. Hallo, aprecio, advierto la excelente oportunidad que tenemos al poder danzar al son del arpa y el piano, de la viola y los violines. Al ritmo que marcan ellos, al compás que señala el tiempo. Amor del bueno.

Piezas pertenecientes al Museo del Romanticismo.
Piezas pertenecientes a la colección del museo

Precisamente es el tiempo el que empieza a llamar a la puerta de mi imaginación, recordándome que mi baile por la zona noble no se puede alargar mucho más. Empapada de amor del bueno y de Romanticismo, echo un último vistazo a toda una época antes de recorrer las escaleras que me llevarán directa a cumplir otro de mis sueños. Sí, El Jardín del Magnolio, uno de los rincones más bellos de la capital, nos espera. Nervios. 

Sala de billar del museo.

Sala de billar

Después de dos años de obras por reformas, hace casi un año el museo volvió a abrir su soberbio Jardín del Magnolio. Para acceder a él, nos situamos en la bella cafetería interior, en la que os podréis tomar un rico café y probar sus tartas. Os sentiréis en pleno Romanticismo. Y lo mejor de todo está por llegar, ya que os podréis tomar esa deliciosa merienda sentados en uno de los lugares más hermosos y silenciosos de Madrid. Un rincón único y que recrea casi a la perfección cómo era en su origen. No os lo podéis perder. Es un remanso de paz inimaginable, un jardín tan romántico y especial que no se me ocurre un lugar más idílico para iniciar la despedida que tan poco me gusta. Detengo un segundo el tiempo, pero en esta ocasión no giro la cabeza. Cierro los ojos y dejo que esta última instantánea captada por mi mirada de El Jardín se grabe para siempre en mi corazón apasionado. Brutal.

Cafetería interior del Museo del Romanticismo. De paseo por mi cocina.

Cafetería interior del museo

¿Conocéis el Museo del Romanticismo? Regalaros este paseo fantástico por este palacete, que os transportará directamente a una época no tan alejada en el tiempo. Al finalizar la visita, no dejéis de pasaros por el sensacional Jardín del Magnolio, uno de los rincones más fascinantes de la capital. Os deseo que paséis una semana bonita llena de amor del bueno y si os apetece, os espero el próximo jueves para seguir haciendo camino juntos. ¿Me acompañas?