Mis queridos foodies, este jueves ponemos el punto y seguido a las recomendaciones para este maravilloso 2017 que está cerca de finalizar. Como ya os anuncié el pasado domingo presentando la última receta del año, nos despedimos por unos días. Regresaré con muchas más recomendaciones todos los jueves a partir del 11 de enero de 2018, qué bien suena esta fecha. Y qué ganas tengo ya de que llegue. Pero antes de deciros hasta pronto, haremos un viaje a mi Galicia del alma. Hoy os traigo un paseo por Porto dos Barcos, un restaurante fascinante que no os podéis perder si visitáis Vigo, mi tierra amada. En Porto dos Barcos encontraréis mucho más que un marisco exquisito, un pescado de quitar el sentido, una carne que se derrite en el paladar y unos postres caseros que ponen el broche de oro a esta experiencia. Porto dos Barcos es un lugar para perderse mirando la inmensidad de la nada en su terraza. Colgado a los pies del mar abierto, este lugar regentado de forma soberbia por Juan Carneiro debe convertirse en lugar de peregrinaje obligado para todos los que visitan Vigo y su comarca. No os defraudará.

Percebes de Porto dos Barcos.

Los Percebes de Porto dos Barcos, exquisitos

Llegar hasta este privilegiado enclave ya es apasionante. Situado en el municipio de Oia, en la carretera de la costa entre Baiona y A Guarda, el recorrido no puede ser más bello. La naturaleza se expresa con fuerza. El mar te sobrecoge durante todo el paseo, tanta belleza te hace sentir a lo bestia. Disfrutar de la excursión y abrir el apetito, pues una vez que entras en la `casa´ de Juan, has llegado al paraíso. Bajando por las escaleras que dan acceso a la terraza y al restaurante ya te das cuenta de que el día va a convertirse en épico. Llueve, pero incluso la tempestad más dura hace especialmente diferente este lugar. Lógicamente, no puedo disfrutar del mirador, pero sí me acerco a la barandilla que separa el Porto dos Barcos del rugir de las olas. Esplendor extremo.

Juan Carneiro es el propietario de Poto dos Barcos.

El trato de Juan Carneiro en Porto dos Barcos es perfecto

La acogida de Juan es de esas que tanto me gustan y que tanto aprecio. Muchas veces he comentado que puedo estar delante del mejor manjar o del más exquisito producto, que si detrás no hay un alma bella, lo bueno se convierte en innoble. No es el caso. La sonrisa de Juan es eterna, de esas que expresan tanto al instante. Antes de comenzar mi andadura hasta donde ya me esperan mis acompañantes, echo un ojo al escaparate donde la frescura del pescado y el marisco salta a la vista. Recorro el comedor hasta mi mesa, llego tarde. No es habitual en mí, la puntualidad marca el ritmo de mi vida, sin embargo tengo una excusa perfecta: el mar y yo. Pasar por delante del Rompeolas de Baiona y no parar en un día como éste habría sido un pecado imperdonable. Paré, respiré, vi, sentí y llegué tarde, claro. Pero la dureza con la que el agua explotaba en las rocas, esta belleza pura que no siempre tengo la opción de ver, motivó mi lapsus con el tiempo.

La calidad de los productos es soberbia.

El éxito de Porto dos Barcos está en la calidad de sus productos

La compañía en la mesa no podía ser más buena. Todo era perfecto y llegó el momento ansiado, el de probar y probar lo bueno que hay en esta tierra nuestra. Juan nos recomendó, nos orientó y nos explicó. Llenó de cordura el infinito de dudas que te asaltan cuando todo lo quieres y quieres de todo. En el acogedor salón no cabía un alma, por lo que os aconsejo que cuando decidáis ir a conocer Porto dos Barcos, llaméis con antelación. Pedida la comanda y sin tiempo casi de observar el bonito aspecto de cada rincón, ya teníamos en la mesa un aperitivo de la casa: Fabes con frutos del mar. Qué textura, qué sabor. Buen comienzo, aunque lo mejor estaba por aparecer.

Comedor del restaurante Porto dos Barcos.

El comedor es muy acogedor

Llegué a Oia en mes con `r´, por supuesto no podía dejar pasar la oportunidad de probar el marisco de Juan. Qué acierto. Los Percebes fueron, probablemente, los mejores que he tomado hasta el momento. Y qué deciros de las Centollas. Pues que debéis ir y atestiguar. Una de las maravillas de Porto dos Barcos es que vive de la pesca del día y eso no tiene precio. Comer alimentos tan frescos es parte del éxito rotundo de este local, de la fama merecida que se ha ganado a base de esfuerzo y trabajo duro. Del mar a la mesa es su firma, su identidad. Y doy buena fe de ello.

Centolla preparada para De paseo por mi cocina en Porto dos Barcos.

La Centolla de Porto dos Barcos, un espectáculo

Seguimos de paseo por la cocina de este soberbio lugar. El Rodaballo a la plancha y la Dorada al horno ya presiden mi mesa. Qué sabor a mar, qué gusto único, qué sensación a mi tierra, a mi Galicia eterna. Disfruto y sueño con tiempos pasados. Recorro la vista por el comedor y observo como las personas que lo llenan sonríen, gozan allí de esos pequeños momentos de felicidad plena que te regala la vida de vez en cuando.

Rodaballo del restaurante gallego.

El Rodaballo es un escándalo

Los ojos empiezan a darme vueltas cuando veo a lo lejos que Juan se acerca con el Chuletón de ternera. Lo siento en mi boca como mantequilla pura, lo degusto con tanta pasión y armonía que pienso que no puede existir un placer más auténtico. Sí, disfruto y lo hago porque he aprendido a aprovechar los momentos. Grabo en mi retina éste para la eternidad.

El Chuletón de ternera de Porto dos Barcos.

El Chuletón de ternera, soberbio

Llega el momento del postre. La lluvia ha cesado por un instante y decido salir a estirar las piernas y contemplar la bravura del mar. Me imagino a los marineros pescando, me adentro en sus redes y aplaudo su valentía. Me reclaman en el comedor. Los postres caseros y deliciosos van cayendo a un ritmo frenético, mientras pienso en lo afortunada que soy de haber detenido mi cuerpo en Porto dos Barcos. Qué descubrimiento, qué lugar donde perderse al abrigo de la más bella Galicia. Un paraíso terrenal, un lugar con sabor a mar, con historia, tradición y cultura gastronómica, de la buena, de la natural, de la nuestra. Me despido de Juan, pero es más bien un hasta muy pronto. Entre Porto dos Barcos y yo ha nacido un idilio de amor que sé que perdurará en el tiempo. Le doy las gracias y su sonrisa sigue imperturbable a pesar de que pasan de las seis de la tarde. A eso le llamo yo amor a lo que haces y eso, probablemente también, es otro de los secretos de este lugar de ensueño.

Vista desde la terraza de Porto dos Barcos.

La terraza de Porto dos Barcos es maravillosa

¿Conocéis Porto dos Barcos? No podéis perderos esta experiencia extraordinaria que no te dejará indiferente. Contemplar la belleza del mar infinito mientras degustas los mejores productos de nuestra Galicia del alma no tiene precio. No dejéis de ir a comprobarlo. Os sorprenderá. ¿Me acompañas?